La relajación es la fase final de toda sesión de asanas. No termines nunca sin dedicar un mínimo de diez o quince minutos a la relajación. Si sigues este proceso de modo consciente, proporcionarás un profundo descanso a tu cuerpo/mente y tu organismo asimilará los efectos positivos del saludo al sol o de las asanas. Por supuesto, aunque no practiques ningún ejercicio, puedes abrir un paréntesis en tu rutina diaria para disfrutar de los placeres de la relajación.
Podría decirse que todas las técnicas de relajación persiguen el mismo objetivo: eliminar las tensiones físicas, superar la ansiedad y sus síntomas (mareos, vértigos, sensación de pérdida de control, temblores, dolor de cabeza, sudoración...) y combatir el estrés y los problemas que de él se derivan (irritabilidad, astenia, tensión muscular, insomnio, problemas psicosomáti-cos, falta de concentración, etc.). Aprender a relajarnos también puede sernos muy útil para controlar o canalizar nuestras emociones negativas y, en general, mejorar la calidad de vida.
Desde la óptica del yoga, la relajación física consiste en observar mentalmente todas y cada una de las partes del cuerpo, considerar la tensión que acumulan y sugerirles que descansen. Cuanto más tensa hallemos un área determinada, más debemos detenernos en ella hasta sentir que la tensión se libera y acaba por desaparecer, con la agradable sensación de bienestar consecuente.
Para facilitar el proceso de relajación, es preciso seguir las recomendaciones que se daban como paso previo para realizar el Suría Namaskar. Recordemos las más importantes:
• Vístete con ropa cómoda, preferiblemente de algodón o tejidos naturales, que no te oprima el abdomen para que tu respiración sea abdominal y profunda.
• Busca un lugar tranquilo y alejado de posibles distracciones, y cerciórate de que nadie te interrumpirá durante la práctica.
• Con la relajación, la temperatura corporal suele descender ligeramente, de modo que la habitación debe estar a buena temperatura. Si no fuera así, puedes cubrirte con una manta.
• Vacía la vejiga urinaria y el intestino antes de relajarte.
• No procedas a relajarte inmediatamente después de comer. Aguarda al menos dos horas antes de practicar.
• No tengas prisa ni te preocupes por el tiempo que tardas en conseguir el estado de relajación. Si el ambiente es el apropiado, la relajación llegará en el momento debido.
• No luches contra los pensamientos que acudan a tu mente. Déjalos pasar sin prestarles atención y vuelve a centrarte en tu cuerpo.
• Concéntrate en el momento presente.
La relajación es como el sueño: en condiciones adecuadas, se produce espontáneamente y de forma
natural. Podríamos decir que está reñida con el esfuerzo. Para que se produzca, debemos despreocuparnos y adoptar una actitud de confianza y abandono. Si enfocamos nuestra atención hacia el cuerpo, si vivimos nuestra corporeidad intensa y conscientemente, los mecanismos naturales de distensión se activarán por sí solos.