Masaje terapéutico

El masaje, como práctica manual de carácter terapéutico, se impuso durante el siglo XIX. La técnica consiste en friccionar, presionar o golpear rítmicamente y con intensidad la musculatura, al objeto de relajarla o tonificarla, dependiendo del problema que afecte al paciente. En la actualidad el masaje define una actividad terapéutica vinculada a las técnicas sanitarias.
El masaje ha acompañado al hombre desde el principio de los tiempos y, probablemente, sea una de las terapias más antiguas. Es casi instintivo el hecho de que al darnos un golpe nos cubramos la zona con la mano para buscar alivio. Posiblemente éste es el principio de esta terapia, cuyo único propósito es calmar o aliviar el dolor utilizando únicamente las manos.


Historia


Según las épocas y las civilizaciones el desarrollo del masaje ha sido mayor o menor, pero su presencia se descubre en las civilizaciones más importantes: en la literatura médica China, en la India, en Egipto, en Grecia y Roma y desde la Edad Media hasta la época actual. Entre los cultivadores del moderno masaje terapéutico destacan el sabio renacentista Paracelso, el médico francés Guy de Chauliac, el ilustre cirujano francés Ambroise Paré y el poeta y dramaturgo sueco Per Henrik Ling, quien en el siglo xix adecuó y modernizó el masaje antiguo creando el conocido masaje sueco, base del masaje terapéutico actual. Hoy el masaje terapéutico se abre paso, junto a otras terapias, dentro de un marco científico, de estudio e investigación. De esta manera, se puede hablar de especializaciones.


Técnicas del masaje


El estudio científico de las diferentes aplicaciones del masaje ha servido para poder desarrollar distintas técnicas especializadas según el efecto que se quiera conseguir o el colectivo a quien vaya dirigido. Cada una de estas técnicas ha desarrollado una serie de manipulaciones o movimientos específicos, aunque por lo general las maniobras efectuadas son comunes a casi todas las variantes de masaje. Las cuatro variedades más extendidas y utilizadas son las siguientes:
Masaje deportivo
Este tipo de masaje se dirige a las personas que practican algún deporte y que necesitan cuidados complementarios para la práctica del mismo. Se aplica el masaje a las zonas o grupos musculares más ejercitados, en función del deporte que se practique. En esta especialidad del masaje se pueden distinguir claramente cuatro modalidades bien diferenciadas, que tienen relación con el momento en que se le aplique el masaje al deportista. Justo antes de la competición, el deportista necesita un masaje de calentamiento. Este masaje tiene como finalidad principal que el deportista se encuentre en óptimas condiciones en el momento de iniciar la competición, de forma que desde el primer momento su rendimiento sea el máximo; por otro lado, se intenta evitar la aparición de espasmos musculares, muy frecuentes cuando el calentamiento y la preparación del deportista no han sido correctos o no se han efectuado. Durante la competición, en los descansos o pausas, necesita un masaje de intervalos o de mantenimiento. Esta modalidad del masaje deportivo tiene por objeto mantener los niveles de actividad del deportista a pesar del esfuerzo realizado. Justo después de la competición, necesita un masaje restaurador o regulador. De las cuatro modalidades de las que se compone el masaje de tipo deportivo, ésta es la de mayor importancia, ya que trata de conseguir llevar al deportista al estado anterior al esfuerzo y regular la actividad de sus estructuras muscular y ósea, eliminando o aliviando las sensaciones de cansancio o fatiga debidas al esfuerzo. En la mayoría de los casos el deportista también necesita de cuidados continuados. Éstos consisten en la aplicación de masajes de control. Con este tipo de masajes se atienden las posibles lesiones que el deportista haya sufrido en la práctica del deporte y se hace el seguimiento de la evolución de las mismas.