Plotino nació en el 203 d. de C. en Licópolis Magna, Egipto, y se convirtió en uno de los místicos más elevados y geniales de su época, si no en el que más. Fue excepcionalmente formado e instruido en Alejandría, tanto en la filosofía griega como en la oriental. Desde que a los veintiocho años tomó la determinación de dedicarse por completo a la filosofía, no cejó en su empeño por disciplinarse y perfeccionarse, y llevó una vida parca y austera, marcadamente espiritual y mística. Fue discípulo de Ammonios Saccas (que antes lo fuera de Orígenes) a lo largo de once años. Vivamente interesado por las metafísicas y místicas de Oriente y de modo muy especial de India, llegó a formar parte de la expedición del emperador Giordano III a Oriente con tal de entrar en contacto con pensadores de esas latitudes, pero no culminó la expedición con éxito y el magnífico pensador y místico tuvo que desplazarse a Roma en el 247, donde comenzó a ejercer como guía espiritual e instructor filosófico de personas con miras espirituales y anhelos místicos.
Llegó a contar con muchos discípulos y practicaba rigurosas austeridades en su afán por conseguir la unión con el Divino. De tal modo era severo en sus enseñanzas y tan rigurosas eran éstas, que muchos de sus discípulos no podían observarlas y decidían abandonar al maestro. Uno de sus ideales era fundar una ciudad de filósofos y buscadores espirituales, pero su sueño no se hizo realidad. Murió, abandonado y solo, tras una penosa enfermedad, en Campania, en el año 270.
Fue uno de los más sobresalientes y sagaces filósofos neo-platónicos. Invitaba a la meditación y la contemplación y sondeaba intuitivamente en las más elevadas regiones del espíritu. Sus enseñanzas engloban lo mejor de la mística cristiana y oriental. Su discípulo preferido e incondicional fue Porfirio, que se encargó de ordenar y acopiar interesantísimos escritos como las Enneadas, una fuente de saber místico.
Para Plotino (y aquí se puede apreciar la marcada influencia del hinduismo) el Divino es autoluminoso y uno, pero se despliega y va manifestándose en procesión formando otras sustancias que emanan de él mismo, como la consciencia o inteligencia y el mundo, el verbo y el espíritu. Las almas se asocian e identifican con la sustancia material y viven de espaldas a la luz, pero la persona puede servirse de la búsqueda mística y la práctica de la contemplación para conectar con la fuente de la que todo emerge. Para ello se sigue la vía gradual de la reascensión o vuelta al origen, donde es necesario el cultivo de la belleza, el amor, la armonía y el anhelo de unión.
Plotino conoció por experiencia propia las más altas regiones de la consciencia y los más elevados planos del espíritu. Era un practicante riguroso de la meditación y los métodos de introversión, y a través de ellos conectaba con su realidad más íntima y trascendente. Realizó este tipo de exhortaciones: «Que tu alma se haga bella y divina si quieres contemplar a Dios y a la belleza.»