La vida
Mahavira era un tirthankara. No es fácil traducir este término al castellano y se puede entender como iluminado, emancipado espiritualmente o plenamente realizado. Pero el vocablo significa realmente «elaborador del camino». Es decir, un tirthankara es el que elabora, prepara o muestra el camino espiritual. Los tirthankaras son los guardianes de la espiritualidad jaina y los.que la propagan. Ha habido veinticuatro tirthankaras, el primero de ellos Risabha y los dos últimos Parsva y Mahavira. Parsva vivió aproximadamente unos doscientos años antes que Mahavira. Cuando tenía dieciséis años y su padre lo quiso desposar, rehusó hacerlo y comenzó a meditar sin tregua, tomó los votos del renunciante, se convirtió años después en un iluminado y murió a la edad de cien años.
Se considera que Mahavira fue el fundador del jainismo, pero Parsva también cooperó, y mucho, en la consolidación del jainismo como un solvente sistema soteriológico, filosófico y religioso, basado especialmente en la más rigurosa austeridad y la práctica meditativa.
Adolescencia y juventud
La vida de Mahavira, aunque está coloreada por la leyenda, como la de tantos importantes iniciados, trataremos de despojarla en lo posible de elementos de fábula y de poner de manifiesto su humanidad. Nunca conoceremos con certeza cómo fue en realidad la vida de los iluminados de antaño, ni qué parte de información ha sido añadida por sus seguidores o detractores. Por ejemplo, no faltan los paralelismos entre Buda y Mahavira, pues ambos eran de familia noble, concretamente príncipes, renuncian a similar edad, los dos están casados y con un hijo (hembra en el caso de Mahavira), imparten su enseñanza en la zona de India tras haberse sometido durante años a muy rigurosos sadhanas y conquistar la iluminación definitiva. Ambos son tenidos por fundadores de una religión, aunque los principios tanto budistas como jainistas son muy anteriores a Buda y Mahavira, pues antes de ellos ha habido numerosos budas y numerosos tirthankaras. Por último, Mahavira y Buda son contemporáneos y muy pronto, tras la iluminación, y cuando ambos por infinita compasión se deciden a impartir la enseñanza, consiguen innumerables discípulos.
Mahavira viene al mundo en el año 539 antes de la era cristiana según una versión, entre algunas otras que se barajan. Nace en el seno de una familia noble en Kundalapura, distrito de Vaisali. Recibe el nombre de Vardhamana («próspero») y pertenece al clan de los Jnatri. Antes que él sus padres, Siddharta y Trisala, habían tenido un hijo y una hija. Los padres eran devotos del tirthankara Parsva, o sea que ya pertenecían a la religión jainista y sentían gran admiración y veneración por los ascetas jainas. En el cuerpo del recién nacido se aprecian las treinta y cuatro perfecciones de los tirthankaras. Vardhamana, como Buda, vive rodeado de fastos y toda suerte de atenciones; es mimado y sobreprotegido. Se encargan de su educación espiritual los ascetas jainas y en palacio lleva una vida muy plácida, donde también es instruido en actividades deportivas y guerreras, así como en otras muchas culturales y científicas. Tiene una gran memoria y aprende con facilidad los textos; es de carácter afable e indulgente, y desde muy joven-cito demuestra tener un envidiable y llamativo dominio de sí mismo.
Llegado el momento, celebra sus esponsales con una princesa llamada Yasoda y tiene una hija de nombre Priyandarsana. La vida familiar y palaciega fluye armónicamente. Aunque muy amante de los textos sagrados y buen pupilo de los ascetas jainíes, nada puede hacer presuponer el destino espiritual de este gran iniciado.
Siguiendo uno de los votos jainistas más intrépidos, los padres del futuro Mahavira observaron el que consiste en poner término a la vida mediante el ayuno. No se sabe si fue por este hecho o no por el que Vardhamana decidió renunciar a la vida doméstica, pues cada una de las dos sectas jainas que existen tiene su versión particular, pero lo cierto es que el joven decidió convertirse en un asceta a la edad de treinta años. Para constelar iniciáticamente esta resolución, Vardhamana ayunó, se arrancó los cabellos, se quitó sus lujosas vestimentas, se desprendió de todos sus bienes y se convirtió en monje errante. A partir de esa ruptura con la vida hogareña, comenzó a mendigar sus alimentos y a vivir, por tanto, de la caridad pública, como cientos de otros monjes mendicantes, sannyasins y sadhus que pululaban por las tierras del Ganges.

En busca de la emancipación
Vardhamana se convierte entonces en un asceta errante. Practicaba austeridades y vagabundeaba por las tierras bañadas por el sacrosanto Ganges. Vivía de la caridad pública, como lo hacen hoy en día en India más de cuatro millones de sadhus, sannyasins y eremitas. Para no tener ninguna posesión, se despojó de la vestimenta con la que cubrir su cuerpo, y a partir de ese momento mostró su desnudez. Con una colosal voluntad, fue capaz de no hacer diferencias entre lo grato y lo ingrato, lo dulce y lo amargo, y conquistó así una inusual dimensión mental de ecuanimidad. Se convirtió en un mouni, el que observa rigurosamente el voto del silencio. Asimismo emprendió disciplinas muy severas para llegar al estricto control del cuerpo y de la mente, del carácter y del temperamento. Ayunaba durante prolongados periodos de tiempo y se ejercitaba en el dominio de sus emociones y la erradicación de las tendencias subyacentes de ignorancia y egocentrismo.