La macrobiótica es algo más que ser selectivo con lo que como para alimentarnos. También preocupa dónde y cómo se producen los alimentos que tomamos, cómo se preparan y qué calidad queremos que tenga nuestra sangre. Además del vigor físico y de la estabilidad y flexibilidad física y emocional, la macrobiótica ofrece otros beneficios como la claridad mental, la visión y la fe en lo que uno dice y hace. Sin duda existe un vínculo entre lo que comemos y el nivel de consciencia que demostramos.
Es fácil comprobar que todos tenemos una conexión muy real con el mundo que nos rodea y con nuestra forma de experimentarlo. Extraemos el alimento de nuestro entorno; el alimento, a su vez, se transforma en sangre que nutre y fortalece nuestros órganos internos. Una vez que nuestra sangre ha sido transformada (durante los tres estadios mencionados aquí que suceden en un periodo de ocho meses), puede emprender la labor de regenerar nuestros órganos internos. Los cambios profundos de esta naturaleza pueden requerir un periodo de entre ocho meses y dos años.
Entre estos cambios se incluyen un mejor funcionamiento del corazón, de los pulmones, de los riñones, del hígado y del aparato digestivo, y el fortalecimiento de los sistemas límbico, reproductor e inmunológico. Todos estos cambios también se van filtrando poco a poco a nuestro sistema nervioso. A nivel práctico, el sistema nervioso es el que nos permite reaccionar a los cambios que se producen en nuestro entorno; su función es responder rápida y eficazmente a las nuevas exigencias y tareas, pero también mirar más allá de las presiones inmediatas hacia las nuevas posibilidades que se abren ante nosotros.
En esta etapa se activa un nuevo aspecto de nuestro ser. Este nivel tiene muchos nombres; podemos hablar de nuestra consciencia, de nuestra voluntad o (como lo denominaba Ohsawa) de nuestro juicio. En sus primeros trabajos, George Ohsawa estaba muy preocupado por lo que denominaba el desarrollo de nuestro juicio. Raras veces escribía sobre temas de salud, cocina ° alimentación; estos temas aparecen mucho más frecuentemente en sus obras posteriores.
En último término, el verdadero propósito de la macrobiótica es elevar nuestra consciencia de nosotros mismos, empezando por nuestras células individuales y siguiendo por nuestra sangre para culminar con la comprensión y valoración del mundo que nos rodea. Por esta razón muchos de los primeros autores y practicantes de la macrobiótica miraban más allá de la salud individual y se centraban en las múltiples implicaciones y consecuencias de la salud mundial, que consideraban el fundamento de la verdadera paz mundial.