El secreto de la salud consiste en ser capaces de absorber y utilizar lo que ingerimos, eliminando al mismo tiempo lo que no necesitamos. Obviamente, una parte importante de este proceso consiste en seleccionar la cantidad adecuada de combustible de las cuatro categorías anteriores. Una eliminación adecuada de las toxinas y residuos de nuestro sistema ayuda a impedir la indeseable acumulación de deshechos que con el tiempo puede producir problemas de salud crónicos.
Eliminación normal
Todos tenemos tres maneras básicas de eliminar cotidianamente lo que no necesitamos:
• A través de los intestinos.
• A través de la orina.
• A través de la respiración.
Estos tres procesos de eliminación son fundamentales para todos nosotros, y la calidad y facilidad con que se realicen son sintomáticas de nuestro estado general de salud y bienestar. En la medicina tradicional china, el movimiento de vientre tradicional se conocía con el nombre de «oro viejo» y la orina era llamada como «oro nuevo». En la medicina occidental de los siglos XVIII y XIX los médicos tenían la costumbre de examinar las deposiciones y la orina de los pacientes durante sus rondas por las salas de los hospitales.
En el caso ideal, la evacuación intestinal debe ser regular —una o dos veces al día—, inodoro y de color dorado-marrón; y la deposición debe hacerse sin esfuerzo. La orina no debe ser ni tan clara como el agua ni marrón oscura, sino de un color dorado parecido al de la cerveza rubia. Evidentemente, orinar con mucha frecuencia indica un consumo excesivo de líquidos, mientras que orinar cantidades pequeñas de color muy oscuro y olor intenso es señal de que no estamos ingiriendo suficientes líquidos. En cuanto a la respiración, el signo evidente de salud es no quedarnos sin aire cuando hacemos ejercicios simples o al subir un tramo de escaleras, y también no bostezar frecuentemente ni toser sin parar.
Eliminación anormal
Todos experimentamos síntomas de eliminación anormal de vez en cuando. Dichos síntomas pueden ser violentos y venir acompañados de dolor e incluso de sofocos. A medida que nos adaptamos a los cambios estacionales, a los cambios emocionales o a los cambios de dieta o rutina, nuestro sistema ayuda a compensar estas variaciones descargando cualquier exceso acumulado. En tales situaciones nuestro cuerpo emplea las mismas rutas de eliminación que en el proceso normal (a través del vientre, de la orina y de la respiración), además de dos rutas que pueden abrirse adicionalmente: la piel y las emociones.
Es vital recordar que estos síntomas anormales de eliminación son saludables, siempre que sean estacionales o se produzcan como consecuencia de un trauma reciente. Pero, si se hacen crónicos, significa que el cuerpo está entrando en una tercera fase.
En el Lejano Oriente estos procesos de eliminación violentos se consideran vitales para el reequilibramiento corporal; ayudan al cuerpo a librarse del exceso de toxinas y desechos. Sin embargo, en Occidente es muy posible que nos sintamos impulsados a tomar algún tipo de medicación que suprimirá los síntomas o neutralizará de manera general este abrupto proceso de eliminación. El medicamento puede desempeñar su función inhibidora eficazmente, pero lo único que se consigue con ello es paralizar la causa subyacente del proceso, y no cabe duda de que los síntomas recurrirán posteriormente de un modo aún más violento. En la medicina oriental, cuando se produce la eliminación violenta el consejo habitual es dejar que siga su curso, y a veces incluso animarla. No obstante, si los síntomas de eliminación violenta persisten más de veinticuatro horas y van acompañados de fiebre, entonces no se trata de un proceso de eliminación y lo más probable es que sea una infección, por lo que se debe consultar al médico inmediatamente.
Entre los síntomas de eliminación violenta relacionados con el proceso digestivo se cuentan el vómito, la diarrea, el estreñimiento y la flatulencia. Los síntomas relacionados con los líquidos son orina y sudoración excesivas, a veces acompañadas de fiebre. Entre los síntomas de eliminación pulmonar violenta están la tos, los resfriados, los escalofríos y las fiebres no causadas oor infecciones. También se puede abrir una cuarta vía de eliminación: la piel. En la medicina oriental la piel está considerada como un tercer pulmón o un tercer riñon. Entre los síntomas cutáneos de eliminación violenta están las manchas, los sarpullidos, los olores y la sudoracion. Finalmente, la descarga del exceso de desechos suele venir acompañada de estados de incomodidad emocional. Son bastante habituales las expresiones pasajeras de histeria, quejas, ansiedad, depresión, miedo, irritabilidad o impaciencia. Desde el punto de vista oriental, es vital que permitamos la expresión de estas emociones sin neutralizarlas ni reprimirlas, ya que son efímeras y no requieren un tratamiento terapéutico profundo.
Acumulación
En un mundo ideal, seguiríamos el modo normal de eliminación. Sin embargo, de vez en cuando se acumula un exceso de desechos y entramos en el terreno de la eliminación anormal o violenta para recuperar el equilibrio. Por muy diversas razones, a muchas personas les cuesta «soltar» y tienen tendencia a acumular y almacenar el exceso en lugar de descargarlo.
Con el tiempo, y supuesta la naturaleza crónica de esta incapacidad de descargar, el cuerpo simplemente tomará el exceso y lo depositará o almacenará donde pueda descargarlo más adelante. Esta acumulación puede asumir la forma de mucosidad, grasa, quistes, tumores o incluso calcificación en forma de piedras. Una vez más, el cuerpo se comporta de un modo notable. Estas acumulaciones, en primer lugar, tienden a producirse principalmente allí donde haya espacio para ellas y, en segundo lugar, cerca de las vías de salida del cuerpo. Los lugares habituales suelen ser los senos, las orejas, los pulmones, la garganta, el estómago, el colon, el intestino delgado, el hígado, la vesícula biliar, el páncreas, los riñones, la vejiga y el sistema reproductor.
Es muy común conocer a individuos que después de practicar la macrobiótica durante entre dos y cinco años experimentan una importante crisis de eliminación de residuos acumulados del pasado. Esta eliminación no es necesariamente la razón por la que empezaron a practicar la macrobiótica. Quizá las grasas de los quesos y otros productos lácteos acumuladas durante años y años se habían adosado a su sistema, y la combinación de la dieta macrobiótica con la actividad física adecuada, mantenidas durante un periodo de tiempo suficiente, hizo que las viejas acumulaciones se descargasen. Recuerdo de mi propia experiencia que nueve años después de haber comenzado la dieta macrobiótica eliminé unas pequeñas piedras calcificadas que tenía alojadas en mis senos frontales. Como resultado de este proceso de eliminación pude respirar mejor por la nariz, empecé a roncar menos y redescubrí una agudeza olfativa que había olvidado desde mi infancia.